Dojo es un superordenador especializado y una plataforma de cómputo de Tesla diseñada para entrenar redes neuronales con enormes volúmenes de datos de video y sensores.

OpenAI fija el precio de los anuncios en ChatGPT inicialmente por impresiones y no por clics
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La iniciativa se dio a conocer por primera vez en abril de 2019, cuando la empresa presentó sus chips para el piloto automático. En ese momento, Musk posicionó a Dojo como un elemento clave de la estrategia de IA de Tesla y promovió activamente el proyecto durante los años siguientes.

El destino del proyecto no fue sencillo. En julio de 2024, antes de la presentación del robotaxi, Musk prometió “redoblar esfuerzos” en el desarrollo de la plataforma. Sin embargo, ya en agosto de 2025 anunció de forma inesperada el cierre del programa y la disolución del equipo. A pesar de los planes para lanzar un sistema de segunda generación (Dojo 2) en 2026, calificó el proyecto como un “callejón evolutivo sin salida”.

Ahora, los planes para Dojo son mucho más ambiciosos.

AI7/Dojo3 estará destinado a la computación espacial basada en IA”, afirmó Musk.

Tesla se prepara para reconstituir el equipo que fue disuelto hace unos meses.

“Si te interesa trabajar en chips que serán los más producidos del mundo, envía un correo a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. con tres puntos sobre los problemas técnicos más complejos que hayas resuelto”, señaló el empresario.

El espacio, la tendencia del futuro

Musk y otros directivos creen que el futuro de los centros de datos se encuentra más allá de la Tierra, ya que las redes energéticas del planeta se acercan a sus límites.

Entre las ventajas se encuentran el acceso prácticamente ilimitado a la energía solar y al espacio para instalar equipos. La desventaja es el alto coste de los lanzamientos de cohetes y de la infraestructura necesaria.

Analistas del grupo de investigación 33FG estiman que la computación de IA en órbita será económicamente viable hacia 2030.

Google fue una de las primeras en mostrar interés y anunció planes para crear una red de satélites en órbita terrestre baja que permitiría generar energía para alimentar centros de datos.

La idea también cuenta con el apoyo del CEO de OpenAI, Sam Altman, pero Elon Musk tiene una ventaja estratégica clave: el control de los medios de lanzamiento.

El empresario planea utilizar la futura OPI de SpaceX para financiar su visión de emplear Starship en el despliegue de grupos de satélites de computación, capaces de operar con luz solar constante y generar energía de forma continua las 24 horas.