Según se informa, la compañía es consciente de que es poco probable que los reguladores aprueben una red de tal magnitud y estaría utilizando esta cifra inflada como punto de partida para las negociaciones.
El proyecto contempla una red de centros de datos en órbita terrestre baja conectados mediante enlaces láser. En el documento presentado se emplea un lenguaje ambicioso, describiendo la iniciativa como un “primer paso hacia una civilización de Tipo II en la escala de Kardashev”.
Incluso el despliegue de una pequeña fracción del millón de satélites propuesto incrementaría de forma significativa el número de objetos artificiales en órbita. Según la Agencia Espacial Europea, actualmente hay alrededor de 15.000 satélites orbitando la Tierra, de los cuales más de 9.600 pertenecen a SpaceX.
Los expertos advierten sobre el creciente riesgo de basura espacial y colisiones en órbita. No obstante, la empresa de Musk sostiene que los centros de datos orbitales podrían convertirse en una alternativa más barata y respetuosa con el medio ambiente frente a las instalaciones terrestres.
En lugar de extraer agua de zonas pobladas, contaminar acuíferos o incrementar los costes eléctricos, los centros de datos en el espacio podrían apoyarse en energía solar en tiempo real y utilizar el vacío espacial para una refrigeración natural.
Datos para la IA
Las ambiciones de Musk en el ámbito de la inteligencia artificial también están creciendo. El 15 de enero, SpaceX actualizó la política de privacidad de Starlink para permitir la recopilación de datos de clientes con el fin de entrenar redes neuronales.
La versión revisada del documento indica que la información de los usuarios también puede compartirse con proveedores de servicios y “socios terceros” sin ofrecer detalles adicionales.
Starlink recopila grandes volúmenes de datos de los usuarios, incluidos datos de tarjetas de crédito y direcciones IP.
Informes anteriores señalaron que tres empresas controladas por Musk —SpaceX, xAI y Tesla— están en conversaciones sobre una posible fusión. El acuerdo podría concretarse antes de la salida a bolsa de SpaceX, unificando Grok, X, Starlink y la infraestructura de cohetes bajo una sola estructura corporativa.
Una fusión de este tipo podría acelerar de forma significativa el despliegue de servicios impulsados por IA en los productos de SpaceX, al tiempo que otorgaría a xAI acceso a enormes conjuntos de datos para entrenar futuros modelos.
Conclusión:
La propuesta de SpaceX pone de relieve la rapidez con la que las ambiciones en inteligencia artificial están convergiendo con la infraestructura espacial. Aunque los centros de datos orbitales prometen computación escalable alimentada por energía solar y ventajas estratégicas para el desarrollo de la IA, la magnitud del plan plantea serias cuestiones regulatorias, medioambientales y de gobernanza de datos.
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