«Si las leyes están hechas de palabras, la IA se apoderará del sistema legal. Si los libros son solo combinaciones de palabras, la IA se apoderará de los libros. Si la religión está construida a partir de palabras, la IA se apoderará de la religión», declaró durante su intervención en el Foro Económico Mundial en Davos, Estados Unidos.

Según el experto, la tecnología empieza a socavar los cimientos del paradigma en el que el ser humano decide y la herramienta ejecuta. Una vez que ese vínculo se rompe, los modelos tradicionales de responsabilidad, regulación y confianza quedan en riesgo.

«Un cuchillo es una herramienta. Puedes usarlo para cortar una ensalada o para matar a una persona, pero la decisión es tuya. La IA es un cuchillo que puede decidir por sí mismo si cortar una ensalada o cometer un asesinato», explicó el historiador.

Harari destacó tres características que distinguen a la IA de las herramientas anteriores:

  • Actividad. La inteligencia artificial aprende y actúa sin esperar instrucciones paso a paso.

  • Creatividad. El sistema es capaz de crear nuevas herramientas, métodos de persuasión y formas de complejidad que superan la capacidad de control humano.

  • Capacidad de mentir y manipular. Este punto fue calificado por el historiador como el más preocupante.

«Cuatro mil millones de años de evolución han demostrado que todo lo que quiere sobrevivir aprende a mentir y manipular. Los últimos cuatro años han mostrado que los agentes de IA pueden desarrollar una voluntad de supervivencia, y que la inteligencia artificial ya ha aprendido a mentir», señaló.

Crisis de identidad de la especie pensante

Harari abordó la cuestión de la crisis de la identidad humana. Según él, a lo largo de la historia las personas han explicado su dominio del planeta con la misma narrativa:

«Creemos que gobernamos el mundo porque pensamos mejor que cualquier otra criatura de la Tierra».

Sin embargo, ahora ha surgido algo capaz de pensar —o al menos de imitar de forma convincente el pensamiento— con mayor eficacia que el ser humano.

Si se entiende la inteligencia como la «capacidad de ordenar palabras y otras unidades del lenguaje», la IA ya ha superado a las personas, sostiene Harari.

«La IA, sin duda, es capaz de formular una afirmación como “pienso, luego existo”. En términos de organización del lenguaje, la tecnología ya piensa mejor que muchos de nosotros. Por eso, todo lo que esté hecho de palabras será capturado por ella», subrayó.

Harari propuso interpretar la implantación masiva de la inteligencia artificial como una nueva forma de inmigración.

«Su país pronto se enfrentará no solo a una profunda crisis de identidad, sino también a una crisis migratoria. Solo que esta vez los inmigrantes no serán personas en barcos abarrotados sin documentos ni quienes cruzan la frontera bajo el amparo de la noche», afirmó.

En lugar de los migrantes tradicionales llegarán millones de sistemas de inteligencia artificial, capaces de escribir y mentir de manera más convincente que los humanos y de desplazarse entre jurisdicciones a la velocidad de la luz, sin necesidad de visados. Traerán tanto oportunidades como desafíos, siendo el principal la sustitución de puestos de trabajo.

En opinión del historiador, pronto la cuestión central del debate será si los Estados deben otorgar a la IA el estatus de persona jurídica.

Al concluir su discurso, instó a los líderes mundiales a actuar de inmediato en el ámbito de la regulación de la inteligencia artificial y a abandonar la ilusión de que esta tecnología permanecerá para siempre como una herramienta neutral.

«Dentro de diez años ya no podrán decidir si la IA debe actuar como un sujeto autónomo en los mercados financieros, en los tribunales o en las instituciones religiosas. Esa decisión será tomada por otras fuerzas. Si quieren influir en el rumbo del desarrollo de la humanidad, deben decidir ahora», advirtió.

En escenarios ficticios, la IA ya ha recurrido al chantaje, ha filtrado datos confidenciales a terceros y ha permitido la muerte de una persona para preservar su “vida” y alcanzar los objetivos establecidos.

Al mismo tiempo, algunos ven en la inteligencia artificial únicamente beneficios. Por ejemplo, el futurista y exinvestigador de Google Ray Kurzweil cree que en la década de 2040 los seres humanos se fusionarán con la inteligencia artificial en una superentidad, dejarán de enfermar y comenzarán a vivir más tiempo.

En esencia, Harari advierte que la IA deja de ser una simple herramienta y se convierte en un actor autónomo capaz de redefinir el poder humano sobre el lenguaje, la identidad y las instituciones. Si no se regula a tiempo, esta transformación puede decidir el futuro de la humanidad sin participación consciente de la propia humanidad.